sábado, 5 de marzo de 2016

Esto se dijo....


“Hola. Soy el general Pétain. Asumo el mando. Informe a sus tropas. ¡Resistan! Confío en usted”… “Está bien, mi general. Resistiremos. Puede usted contar con nosotros, como nosotros confiamos en usted”. Diálogo entre el General Philippe Pétain y el General Maurice Balfourier, el 25 de febrero de 1916.



General Philippe Pétain
Al iniciarse la batalla de Verdún, el General Pétain comandaba el Segundo Ejército Francés que, a la sazón, se encontraba en reserva, después de haber participado en los duros combates de 1915 en Artois y Champagne. Ante el avance alemán, el General de Castelnau, Jefe de Estado Mayor del Generalísimo Joffre, propone que el Segundo Ejército sea transferido de inmediato al sector. Joffre accede y el 25 de febrero el General Philippe Pétain asume la defensa de Verdún. Al hacerlo, se entera que ese mismo día ha caído, prácticamente sin lucha, el Fuerte de Douaumont. Cerca de la medianoche de ese día, Pétain llamó a Balfourier, en la margen derecha del Mosa, dándose el diálogo transcripto, y a continuación lo hizo con el General George de Bazelaire, a cargo de la defensa de la margen izquierda, en los mismo términos, aunque, dice Pétain en su obra sobre la batalla de Verdún, “indicándole la importancia excepcional que yo le daba a la conservación de nuestras posiciones al oeste del Mosa”. Uno y otro de sus interlocutores le respondieron con un “tono de confianza afectuosa y absoluta. La relación moral entre el jefe y los ejecutantes estaba asegurada”. 

Henry Bordeaux, escritor presente en Verdún a quien se deben múltiples relatos de la batalla (especialmente sobre los combates en los fuertes de Douaumont, Vaux y Souville y sus cercanías), recuerda que “en la noche del 25 de febrero, la cota de Poivre y el famoso Fuerte de Douaumont estaban perdidos. Todos estos malos presagios anunciaban la derrota. Vimos entonces, como una aparición en la noche, descender de su automóvil a un hombre… el rumor de su llegada corría de boca en boca: Ha llegado Pétain”

André François-Poncet , en su célebre discurso ante la Academie Française en 1953, al ocupar el sitial vacante por la muerte del Mariscal Pétain, evocó esos días cruciales de la batalla: “Alemania ya se considera victoriosa… En Francia, se extienden la consternación y la duda. Se alzan críticas y quejas. La opinión pública se pregunta si Verdún podrá salvarse, si los alemanes pasarán…. Si la situación está a tiempo de ser reestablecida, solo un hombre es capaz de ello: el General Pétain… es hacia él que se dirigen las miradas ansiosas del país, en él se fundan sus esperanzas… en el ejército su prestigio es tal que la noticia de su designación reanima el valor de los soldados. Saben que en él tendrán a un jefe a la vez enérgico y prudente, que se hará cargo de sus penas y ahorrará su sangre”. 

¿Quién era este hombre en el que Francia depositaba su confianza en una hora tan dramática? Henri Philippe Benoni Omer Joseph Pétain había nacido en una pequeña localidad del Norte de Francia, el 24 de abril de 1856. Después de una carrera militar sin hechos particularmente destacables, y de ascensos más espaciados que el promedio, en vísperas del estallido de la guerra estaba a punto de pasar a retiro con el grado de coronel. Se especula que una de las razones para que no tuviera destinos destacados y ascensos más regulares, era su postura iconoclasta con relación a lo que en esos años era ya un culto en el ejército francés: l’offensive à outrance -la ofensiva a toda costa- (“En toda circunstancia, una fuerza de infantería enfrentada a su objetivo debe marchar directamente sobre el mismo y atacarlo con todo el vigor del que sea capaz”, circular ministerial de junio de 1912). ¡Herejía pura la de Pétain!, como lo apunta Alistair Horne, en los años donde la doctrina de Grandmaison y sus seguidores alcanzó su cenit. 

Pétain dio conferencias y cursos de infantería en la Escuela de Guerra, llegando incluso a ser, en 1910-11, director de la cátedra de tácticas de infantería. No hace mucho tiempo, se encontró un texto incompleto, mecanografiado, de sus enseñanzas. De este texto, como asimismo de lo expresado durante el curso de la guerra al respecto y a las acciones que Pétain adoptó en consecuencia, surge que no desconoce -como no podría ser de otra forma- que la victoria sólo puede alcanzarse por la ofensiva. Pero entendía que la defensa debía no sólo ser enseñada sino considerada como un elemento táctico, al tiempo que la ofensiva debía reconocer ciertos límites de orden táctico. La base del pensamiento de Pétain surge de un breve pasaje de estas Conferencias sobre la infantería: “…[de lo expuesto] surge la importancia considerable adquirida por el fuego. Esta importancia ha sobrepasado todas las previsiones. He aquí el hecho fundamental que se desprende de la guerra de 1870. El progreso de las armas impondrá a la infantería nuevos procedimientos de combate”. Le feu tue… el fuego mata, será la expresión esencial tenida en vista por Pétain. Y de ella surgen algunas de esas “máximas” a las que era afecto: “La ofensiva, es el fuego que avanza. La defensa, el fuego que detiene”. “El cañón conquista, la infantería ocupa”. “Un mínimo de infantería, un máximo de artillería”… 

En su ya citado discurso, André François-Poncet traza un singular panorama del pensamiento de Pétain al respecto: “No creía en la virtud suprema de la ofensiva, de la carga a la bayoneta, de la ruptura fogosa del frente adversario. No pensaba que la infantería tuviera la potencia de choque que se le atribuía. Consideraba que el fuego, la eficacia del fuego, se había transformado en el elemento determinante del combate. Sólo la superioridad del fuego, la destrucción previa por el fuego de los obstáculos levantados en su camino, permitiría el avance de la infantería. A menos que se dispusiera de una sobreabundancia de los medios necesarios para aplastar al enemigo, preconizaba la defensa metódica, en posiciones preparadas y mantenidas cuidadosamente, apoyadas por una numerosa artillería… Pétain no era un teórico de la ofensiva, sino más bien de la contraofensiva”. Y Francois-Poncet recuerda también una frase de Pétain que hace a su modo de conducir y también define su personalidad: “La audacia consiste en poner límite a los riesgos” y, en otras palabras, “la audacia es el arte de saber cuando no ser demasiado audaz…”

La guerra trajo a Pétain dos circunstancias que cambiaron su vida: la ocasión de mostrar su valía como militar y conductor, reconocida por una serie de promociones y asignación de unidades cada vez más importantes, y la demostración, a través de los hechos dolorosos de los primeros meses del ataque alemán, que sus ideas respecto a la doctrina de l’ofensive à outrance, estaban en lo cierto. 

Coronel desde 1910, en agosto de 1914 Pétain estaba al mando, provisoriamente, de la Cuarta Brigada de Infantería (compuesta por dos regimientos), con la que se destaca en la batalla de Guisa, “maniobra defensiva” hábilmente conducida por el General Lanrezac. El 30 de agosto de 1914 es promovido a General de Brigada y al mando de la Sexta División de Infantería participa en la batalla del Marne. El 14 de septiembre de 1914 asciende a General de División y se le confía el mando del Grupo de Ejército 33 (tres divisiones de infantería) y el 21 de junio de 1915 es designado al frente del Segundo Ejército. En algo más de un mes y medio, Pétain asciende de coronel a general de división y pasa de comandar una brigada a estar al frente de un ejército… En octubre de 1914 se le designa Oficial de la Legión de Honor: “remarcable por su valentía, su calma bajo el fuego, el ejemplo que da a sus hombres de desprecio por el peligro. Y, por sobre todas las cosas, el sentimiento del deber”. 

En 1934, Pétain escribió a propósito de la situación al concluir la batalla del Marne: “Ha concluido la época gloriosa en que los combatientes se atrevían a enfrentarse abiertamente y en la que la audacia y las reacciones espontáneas han conservado en la lucha sus caracteres de improvisación: las lecciones del poder de fuego ya no pueden ignorarse. A partir de este momento, la guerra ha cambiado sus características. Las municiones irán ocupando una parte cada vez más creciente y más importante, en la medida que las fábricas multipliquen su cantidad y su poder. La artillería y las ametralladoras se adueñarán del campo de batalla. Las tropas advertirán el valor del refugio y la necesidad de las comunicaciones…”. El 29 de junio de 1915, Pétain pone definitivamente en claro su visión: “La guerra actual ha tomado la forma de una guerra de desgaste. Ya no hay batallas decisivas como en otra época. El éxito será en definitiva del bando que posea el último hombre… Es necesario…conservar para el final de la guerra una última reserva que será empeñada durante el periodo en que los alemanes, después de un último esfuerzo, estarán obligados a abandonar la lucha… Es necesario limitar lo más posible el dispendio de nuestras tropas, previendo aquel momento”.

Pétain llega a Verdún con el bagaje más importante que puede ostentar un conductor, en especial en un momento tan dramático: cuenta con una “reputación legendaria” entre sus soldados, “única entre los comandantes franceses”. El General Henri Mordacq, que combatió con sus cazadores alpinos a órdenes de Pétain, al mando del Grupo de Ejercitos 33, cuenta que a su llegada vieron a Pétain “alto como era, moviéndose de parapeto en parapeto observando a las posiciones enemigas sin siquiera molestarse para inclinarse para protegerse, haciendo preguntas simples, muy fríamente y con pocas palabras. Sin iniciar conversaciones, aunque mostrando en sus ojos una mirada muy bondadosa, los alpinos estaban sorprendidos. Aunque de inmediato tuvieron la impresión de estar frente a un líder, a un verdadero gran líder…”


Por su parte, Alistair Horne recuerda  cuando Pétain inspeccionaba a un regimiento que había sufrido grandes bajas: “Ustedes atacaron cantando La Marsellesa, fue magnífico. Pero la próxima vez no tendrán necesidad de cantarla, habrá una cantidad de cañones suficiente para asegurar que vuestro ataque será exitoso”. 

Raymond y Jean-Pierre Cartier sintetizan: “[Pétain] aporta el amor por el soldado, que oculta púdicamente bajo su apariencia de frialdad, y una sensibilidad que sufre interiormente ante el espectáculo de tanta sangre derramada. Por cierto, esto no es suficiente para transformarlo en un gran capitán, pero basta para hacer nacer a su alrededor una aureola de confianza y afecto”.

Años después, el 22 de enero de 1931, habiendo sido elegido por la Academie Française para ocupar el sitial vacante por la muerte de Ferdinand Foch, el ya Mariscal Philippe Pétain inició así su discurso de aceptación, mostrando una vez más su afecto por quienes habían estado a sus órdenes: “Un sentimiento de reconocimiento y admiración hacia los soldados que, durante cuatro años de lucha, han llevado a lo más alto las virtudes militares de la raza, os ha impulsado para recibir, bajo esta cúpula, a dos de los jefes que los condujeron a la victoria… por lo tanto encontraréis justo que a la expresión de mi gratitud personal asocie a la muchedumbre de oficiales y soldados, orgullosos y reconocidos por la eminente distinción que habéis acordado a su jefe”. 

Pétain asume el mando en Verdún y organiza la defensa. Su primera orden formal de operaciones expresa: “La misión del Segundo Ejército es detener a cualquier precio el esfuerzo enemigo en el frente de Verdún. Cada vez que el enemigo nos arrebate una fracción de terreno, se iniciará de inmediato un contraataque”. Hacia el 6 de marzo, Pétain había distribuido el Segundo Ejército entre ambas márgenes del Mosa, organizando una defensa en profundidad. Estaba compuesta por cuatro líneas, la primera de las cuales -“línea de resistencia avanzada”-, se encontraba a 300-500 metros de la “línea principal de resistencia”. La línea avanzada contaba con una guarnición reducida. Pétain disponía de algo más de veinte divisiones y por el momento había solicitado a Joffre que no ingresaran a la zona las grandes unidades que se estaban desplazando hacia la misma, aunque sí solicitó artillería pesada. 

A esto agregó un sistema rotativo de reemplazos, al que denominó noria. Las unidades en el frente rotaban constantemente, alternándose en la primera línea. Esto con la finalidad de conservar no sólo su poder ofensivo, sino especialmente para que la tropa no se desmoralizara ante la perspectiva de ser reemplazados sólo cuando las bajas fueran tantas que ya no tenía sentido su presencia en primera línea (lo que ocurría con las unidades alemanas). A partir de la puesta en marcha de este sistema, Pétain comenzó a solicitar el envío de refuerzos (una o dos divisiones a la vez), ante una oposición cada más acentuada de Joffre, comprometido a enviar un fuerte contingente francés a la planeada ofensiva británica en el Somme, programada para mediados de año. En realidad, al solicitar nuevas divisiones, Pétain lo hacía no para sumar mayores efectivos en el frente, sino por su convicción acerca de que “los terribles bombardeos, la miserable existencia en las trincheras y la certeza de cuantiosas bajas” (Doughty) eran algo que cada división sólo debía experimentar una vez y por un periodo de ocho a diez días, luego del cual su efectividad en el combate decaería notablemente. De esta forma, dos terceras partes de las unidades que componían el ejército francés en algún momento de la batalla intervinieron en la misma.

Pétain dispuso que a partir del 29 de febrero la artillería emplazada en la margen izquierda del Mosa mantuviera bajo un fuego constante a las posiciones alemanas en la margen derecha. El hostigamiento artillero del enemigo, no sólo le causaba constantes bajas, sino que influía positivamente en la moral de los soldados franceses, al ver a su artillería en un plano ofensivo y no defensivo y sintiéndose protegido por la misma, "haciendo su trabajo". Pétain adoptó asimismo varias medidas relativas a la logística, para asegurar un flujo continuo de material y su almacenamiento en lugares próximos al frente. 

La actividad de la artillería francesa en la margen izquierda del Mosa preocupaba al Kronprinz, y en consecuencia, el 5 de marzo la artillería alemana comenzó un bombardeo de la zona que superó en intensidad al del 21 de febrero, siendo su blanco principal las baterías francesas. A esta preparación siguió el ataque al sector por dos divisiones. De esta manera también el mando alemán intentó reparar lo que se consideró un error, el de no atacar simultáneamente el 21 de febrero en ambas márgenes del Mosa. Luego de un mes de encarnizados combates a lo largo de un frente de doce kilómetros, los alemanes sólo habían avanzado tres. El dispositivo defensivo en profundidad dispuesto por Pétain estaba dando resultados. 

El 9 de abril los alemanes lanzaron un ataque en ambas márgenes del Mosa. Durante cuatro días se sucedieron ataques de uno y otro bando. Los franceses lograron mantener algunos puntos importantes en la margen izquierda, como la Cota 304 y el Mort Homme, aunque finalmente días más tarde cayeron en poder de los alemanes. 


La Orden General Courage! On les aura!
LEl 10 de abril, el General Pétain da a conocer su famosa Orden del Día, que concluye con la ya mítica frase: Courage! On les aura! ¡Valor! ¡Los tendremos!”

Las diferencias entre Joffre y Pétain se acentuaban día a día. Los recurrentes pedidos de refuerzos para Verdún ponían mucha presión sobre la asistencia comprometida por Joffre para la ofensiva que se emprendería llegado el verano en el Somme, conjuntamente con los británicos. Asimismo, Joffre insistía para que Pétain asumiera una actitud más agresiva contra los alemanes. A raíz de estos choques frecuentes, Joffre estaba decidido a apartar a Pétain, pero el prestigio de este en las tropas y en la opinión pública desaconsejaban una medida drástica. Como suele suceder a menudo, Joffre encontró una solución que apartaba a Pétain del control próximo y directo de batalla, aunque dejando a salvo su prestigio y reputación, ya que se le otorgaba el mando del Grupo de Ejércitos del Centro, que comprendía al Segundo Ejército, cuyo mando sería asumido por el General Robert Nivelle, oficial prestigioso, de una carrera meteórica desde el comienzo de la guerra, similar a la de Pétain, y con un gran apoyo político. 


El General Pétain (dcha) y el Generalísimo Joffre
A partir de ese momento, el General Pétain de alguna manera se aleja de la batalla y de su control directo, no sólo geográficamente, ya que el 1° de mayo Nivelle se instala en Souilly -desde donde Pétain había ejercido la defensa de Verdún- mientras este se traslada a Bar-le-Duc (a casi 50 kilómetros), sino que Nivelle cuenta con el apoyo irrestricto de Joffre. En el mes de junio los alemanes lanzaron la que sería su última ofensiva, con la que alcanzaron el punto más cercano a la ciudad de Verdún, marcando su máximo avance en toda la batalla. Luego de un combate de varios días, se apoderaron del Fuerte de Vaux, aunque poco a poco su ímpetu fue cediendo y hacia mediados de agosto, ambos ejércitos exhaustos y diezmados, limitaron su actividad a lo defensivo o a aislados golpes de mano. La defensa de Verdún encomendada al general Philippe Pétain había concluido. 
 *** 
En noviembre de 1918, Philippe Pétain devino Mariscal de Francia. Entre 1919 y 1931 estuvo al frente del Ejército Francés. En 1945 fue condenado a muerte, a la indignidad nacional y a la confiscación de sus bienes, por su actuaciónal frente del Estado Francés entre 1940 y 1944. El General Charles de Gaulle, a cargo del Gobierno Provisional de Francia, conmutó la pena de muerte por la de prisión a perpetuidad. El Mariscal Philippe Pétain murió el 23 de julio de 1951, a los 95 años de edad. Su tumba se encuentra en la Isla de Yeu, en la costa del Océano Atlántico. Nunca se accedió a su anhelo de ser sepultado en el Cementerio Militar de Douaumont, como también lo pidieron 800.000 veteranos. 

Conocido el fallo de 1945, el Mariscal Pétain fue excluido automáticamente de la Academie Française, aunque su sitial no fue ocupado por persona alguna sino hasta después de su muerte, cuando fue asignado a André François-Poncet. Refiriéndose al discurso de recepción pronunciado por el mismo, la propia Academia expresa: “Raramente un recipiendario ha debido pronunciar un discurso más difícil”. Y cita a continuación lo opinado por Robert Aron: “Este discurso… fue un modelo de método histórico. Por primera vez, sin dudas, desde la Liberación, se había trazado públicamente una semblanza imparcial del mariscal Pétain. En 1953, esta era aún una empresa difícil y un acto de valentía”. 

En su extenso discurso, François-Poncet, veterano de Verdún, pronunció la frase que fija y define en el tiempo la trayectoria del Mariscal Philippe Pétain: “El Mariscal Pétain ha escrito páginas en nuestra historia de las cuales algunas continúan siendo luminosas y otras se prestan a interpretaciones que todavía hieren. Debemos celebrar las primeras. No podemos ignorar las segundas”. 

Bibliografía. 

-Cartier, Raymond y Jean-Pierre, La Première Guerre   Mondial,Vol. II 1916-1918, Presses de la Cité, París, 1984. 
-Cochet, Francois y Porte, Rémy (directores), Dictionnaire de la Grande Guerre 1914-1918, Robert Laffont, París, 2008. 
-Doughty, Robert A., Pyrrhic victory : French strategy and operations in the Great War, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge, 2005. 
-Griffiths, Richard, Marechal Pétain, Faber & Faber, Londres, 2011. 
-Horne, Alistair, The Price of Glory. Verdun 1916, Penguin Books, Londres, 1993. 
-Jankowsi, Paul, Verdun. The Longest Battle of the Great War, Oxford University Press, Nueva York, 2014.
-Le Groignec, Jacques, Pétain et les allemands, Nouvelles Éditions Latines, París, 1997. 
-Mosier, John, Verdun: the lost history of the most important battle of World War I, 1914–1918, NAL Caliber, Nueva York, 2013. 
-Pétain, Philippe, Conférences sur l’infanterie, École Supérieure de Guerre (1911), Institut de Stratégie Comparée, disponible en http://www.institut-strategie.fr/Petain.pdf. 
-Thoumin, Richard, La Gran Guerra. Segunda Época. 1915/16 Verdún, Los libros del mirasol, Buenos Aires, 1964.
© Rubén A. Barreiro 2016

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