miércoles, 24 de febrero de 2016


Esto sucedió el…

21 de febrero de 1916

A cien años del comienzo de la batalla de Verdún


Lunes 21 de febrero de 1916. Poco antes de las ocho de la mañana, una tempestad de acero, al decir de Ernst Jünger, se desencadenó sobre la ciudad de Verdun y la cadena de fuertes que la rodea. El V Ejército alemán, al mando del Kronprinz Guillermo, acomete la operación Gericht, ideada por el Jefe del Estado Mayor Ernst von Falkenhayn. 

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En diciembre de 1915, von Falkenhayn había preparado un extenso documento conocido como el “Memorándum de Navidad”, sobre el que basaría su informe al Kaiser Guillermo sobre los futuros planes de operaciones. 1915 había sido, como lo señala acertadamente Alistair Horne, “el año menos exitoso de la guerra” para los aliados, en el que “los costosos fracasos en el frente occidental habían coincidido con peores desastres en el frente oriental”

Falkenhayn comienza su memorándum en los mismos términos, aunque su conclusión es que Inglaterra continuaba manteniendo un enorme control sobre sus aliados y que estaba dispuesta a realizar cuanto sacrificio fuere necesario para alcanzar sus fines, esto es, la eliminación permanente de su rival más peligroso, Alemania (pone como ejemplo de tal disposición la reciente adopción del servicio militar obigatorio). 
General Ernst von Falkenhayn
La intervención inglesa en el Continente con sus propias tropas, dice, es básicamente secundaria y en consecuencia sus verdaderas armas son los ejércitos de Francia, Rusia e Italia. Por ello, “si sacamos de la guerra a estos ejércitos, Inglaterra quedará sola y es difícil creer que en tal circunstancia subsista su intención de destruirnos…”.

Descartadas Rusia e Italia, quedaba Francia, la que se había debilitado casi hasta el límite, creía Falkenhayn, tanto en lo militar como en lo económico. “Si logramos abrir los ojos del pueblo francés sobre el hecho de que nada podía ya esperar en lo militar, se produciría el quiebre y la mejor espada de Inglaterra caería de su mano”. 

Y es así como aparece en concreto el propósito del ataque en Verdún: “…Detrás del sector francés del Frente Occidental, y a nuestro alcance, existen objetivos para cuya retención el Estado Mayor General francés estaría obligado a emplear todos los hombres de los que dispone. Si así lo hace, las fuerzas francesas se desangrarán, ya que no existirá la posibilidad de una retirada, sea que alcancemos o no nuestro objetivo. Si el alto mando francés no actúa de tal forma, y alcanzamos nuestros objetivos, el efecto moral en Francia será enorme… Los objetivos a los que me refiero son Belfort y Verdún. Las consideraciones formuladas se aplican a ambos, aunque debe darse preferencia a Verdún” (el énfasis nos pertenece). 

Más allá de lo expresado por Falkenhayn cuando hace mención al “desangrado” del ejército francés, mucho se ha especulado acerca del objetivo tenido en vista por Alemania al desencadenar la ofensiva contra Verdún. Se ha señalado que entre Falkenhayn y el Kronprinz existían diferentes ideas con relación a tal objetivo, como se desprende de sus directivas. Mientras el primero se refería a “una ofensiva en el área del Mosa en dirección a Verdún”, el príncipe hablaba concretamente de “la captura de la fortaleza de Verdún”. Años más tarde, el coronel Dietrich Tappen, Jefe de Operaciones de Falkenhayn expresó al respecto que “la captura de Verdún nunca había sido el objetivo de la operación, sino la destrucción de las fuerzas francesas que la defendían. Si durante la operación la ciudad caía, tanto mejor”

¿Por qué Verdún? Estando siempre a lo expresado por Falkenhayn, su elección de Verdún se basaba por un lado, en la cercanía de las posiciones francesas con relación al sistema de transporte ferroviario alemán. Por el otro, consideraba que Verdún constituía el más poderoso punto de apoyo desde el cual los franceses podían lanzar un ataque que podría desestabilizar totalmente el frente alemán en Francia y Bélgica. No deja de llamar la atención que se reconozca esta posibilidad a un adversario a quien se considera al borde de “un punto de quiebre” en su esfuerzo militar. 
El Frente Occidental en febrero de 1916
Existían otros aspectos que explican la elección. Observando el mapa del frente en el sector de Verdún, se advierte que la ciudad y las fortificaciones se encontraban dentro de una saliente, formada desde el comienzo mismo de la guerra. El río Mosa atraviesa atraviesa dicha saliente, quedando a espaldas de los defensores de la margen derecha (este), donde se encontraban los principales fuertes. Dada la existencia de la saliente, Pétain -como lo señala Liddell Hart- pensó en su momento que los alemanes podrían estar considerando una reedición de Sedán, con un doble envolvimiento. 
Las diferentes etapas de la batalla. Nótese que al 16 de diciembre de 1916, fecha aceptada como la de finalización de la batalla, todavía los alemanes ocupan buena parte del territorio conquistado, situación que permanecerá, en algunos casos, hasta septiembre de 1918.
Asimismo, como lo apunta Falkenhayn, los alemanes disponían en las cercanías de catorce líneas ferroviarias que facilitaban el acceso de tropas y equipos al sector, en tanto los defensores tenían cortados todos sus accesos, salvo hacia el suroeste, donde existía un camino y una línea de ferrocarril de trocha angosta que unía a Verdún con Bar-le-Duc, a unos sesenta kilómetros (los que durante el curso de la batalla se convirtieron en la mítica Voie Sacrée, que hizo posible la llegada de refuerzos y suministros). Los densos bosques que circundan el sector proporcionaban una cobertura para disimular el montaje de la ofensiva, de lo cual se hizo buen uso ya que hasta último momento pudieron ocultarse los aprestos para el ataque. 
A estas ventajas que ofrecía la elección de Verdún, se suma un elemento de vital importancia. En agosto de 1915, el Estado Mayor francés decidió un desmantelamiento de la artillería de la región fortificada y la disminución de sus guarniciones. El principal argumento para ello fue la necesidad de artillería en otros sectores, por lo que en los fuertes sólo quedaron aquellas piezas incorporadas a las torretas de los mismos, que en general eran de corto alcance y por lo tanto sin posibilidades de ser utilizadas eficazmente. La situación no pasó desapercibida para las numerosas patrullas aéreas alemanas. 

El simbolismo de Verdún. Estela en la Puerta de San Pablo. "Sitiada. Destruida o dañada... Fue destruida en diez meses. Febrero-Diciembre 1916. Y reconstruida en diez años. 1919-1929"
Por último, un dato no menor, es el valor simbólico que la Verdún tiene tanto para Francia como para Alemania. Allí se firmó, en 843, el tratado de igual nombre por el cual se dividió el Imperio Carolingio, del que derivaría el nacimiento de Alemania como nación.  Actualmente, en uno de los accesos de la ciudad, una estela recuerda los numerosos ataques, sitios y destrucción que la misma sufrió con el correr de los siglos, siempre en el marco de luchas en las que Francia y Alemania, o sus antecesores, estuvieron directamente involucradas. 


General Philippe Pétain. Al mando de
la defensa de Verdún desde el 25 de
febrero de 1916.
El general Philippe Pétain describe el estado del sector antes del ataque alemán: “Los fuertes…se erguían silenciosos y como abandonados. El de Douaumont los dominaba con su enorme mole, pero no parecía que se hubiera hecho lo necesario para protegerlo, aunque era la piedra angular del sistema. Entre los fuertes y más allá, todo era un descalabro: innumerables trincheras, en gran parte hundidas, alambradas hechas pedazos, cubriendo con su enmarañada red los destrozados bosques y las llanuras fangosas de Woëvre. Caminos y rutas transformados en barrancos, material de guerra diseminado, cuya madera se pudría y sus metales se herrumbraban con las lluvias… La lucha languidecía en esos lugares, sólo se oían escasos estallidos de granadas, bombas u obuses…”


Previsto para el 12 de febrero y reiteradamente postergado por el mal tiempo, el ataque alemán comenzó el 21 de febrero. Se ha dicho, con algo de exageración, que esta demora, que permitió la llegada a la región de dos divisiones francesas de refuerzo, significó “uno de esos raros milagros que alteran el destino de las naciones. En este caso, sin duda alguna salvó a Verdún y posiblemente a la misma Francia” (Horne). El 21 de febrero, con un cielo despejado y muy frío, hacia las ocho de la mañana  y hasta cerca de las cinco de la tarde, cayeron sobre el sector norte y nordeste de Verdún, en un frente de ocho kilómetros, alrededor de un millón de granadas de artillería disparadas por más de mil doscientas piezas de diferente calibre: trece gigantescos Big Bertha de 420 mm, dos cañones navales de 380 mm, diecisiete morteros de 305 mm y muchas otras piezas de 210, 150 y 130 mm, además de lanzaminas. Hacia las cuatro de la tarde el trommelfeuer -fuego de tambor- se trasladó a las segundas líneas francesas, comenzando el ataque de la infantería. Contrariamente a lo esperado, no se trató de un avance masivo sino del envío de patrullas reforzadas, las que avanzaban lenta y cautelosamente por la tierra de nadie que por momentos se extendía a alrededor de 900 metros, en los que no había trincheras avanzadas por delante de las posiciones de partida. A medida que avanzaban, los grupos iban eliminando los focos de resistencia que habían sobrevivido al bombardeo, haciendo uso de granadas y de un arma mortífera que hacía su aparición masiva por primera vez: el lanzallamas. Tal la situación al concluir la primera jornada de la batalla.
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La batalla de Verdún se extendió por diez meses. Paul Valéry, respondiendo al discurso con el que el mariscal Philippe Pétain ingresó a la Academia Francesa, dijo que más que una batalla en el sentido convencional, Verdún había sido en sí misma una guerra dentro del marco de la Gran Guerra. Y el aserto trasciende a la metáfora.

Por separado presentaremos una cronología de los hechos más salientes de esta batalla. Asimismo en sucesivas entradas nos ocuparemos de algunos de ellos con mayor detalle: la heroica defensa del Bosque de Caures por los Cazadores al mando del Teniente Coronel Emile Driant, la sorprendente caída, prácticamente sin lucha,  del Fuerte de Douaumont; por contraste, la denodada defensa del Fuerte de Vaux por el comandante Raynal y sus hombres; el nombramiento y actuación del entonces general Philippe Pétain; la aparición de la aviación como un elemento de creciente importancia en la batalla; la intensa y esencial actividad en el único acceso terrestre con que contaba Verdún, la venerada Voie  Sacrée…

Pero el resumen más acabado de Verdún lo dan las cifras, imprecisas y cambiantes, aunque siempre escalofriantes, de las bajas: más de 300.000 muertos, de los cuales 163.000 franceses y 143.000 alemanes y 600.000 heridos de diferente gravedad. El “desangrado” no sólo fue francés… Unos y otros, los soldados de ambos bandos, siempre recordaron su experiencia con una rotunda expresión: "el infierno de Verdún"...  


Osario y Cementerio Militar de Douaumont. En el Osario se conservan los restos de unos 130.000 soldados, franceses y alemanes, no identificados. En el Cementerio Nacional se encuentran las tumbas de 16.142 soldados franceses identificados.


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Von Falkenhayn, Erich, General Headquarters 1914-1916 and its Critical Decisions, Hutchinson & Co, Londres, 1919. Disponible en https://archive.org/ details/generalheadquart00falk

© Rubén A. Barreiro 2016

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